Tenía todo para que funcionara.
Una marca que la rompía en Santiago: Chicken Love You, sándwiches de pollo frito nacidos en pandemia como dark kitchen. Un producto al que no le podías objetar nada. Y yo, que venía de años en PedidosYa viendo cómo vendían los restaurantes desde adentro.
En 2021 nos ganamos la franquicia para Antofagasta, la segunda fuera de Santiago. Armamos una cocina de primer nivel, con freidoras digitales, hornos y filtros de aceite. Formamos un equipo de doce personas con el chef Dani a la cabeza, con una operación impecable y casi sin merma.
Y vendimos. Más de $30 millones online, entre apps y página web, siempre entre los mejores locales de toda la marca.
Igual cerramos antes del año.
¿Qué pasó?
Que el problema nunca estuvo en la cocina. Estuvo en el Excel.
La inversión rondaba los $200 millones. Una parte la puso mi socio, y el resto salió de un crédito bancario a mi nombre, como persona natural. Las cuotas eran tan altas que, aunque el negocio se acercaba al punto de equilibrio, nunca alcanzó a pagarlas.
A eso súmale el local. No había dark kitchens para arrendar en Antofagasta, así que terminamos en una casa grande, cara y mal mantenida. No era ni dark kitchen ni restaurante: la gente pasaba por fuera y no entendía si podía entrar a comer.
Intentamos vender la operación y no se pudo. Cerramos pagando todos los finiquitos, sin quedarle debiendo a nadie. Fue uno de los momentos más duros de mi vida.
Lo que me llevé
- El Excel aguanta harto; la realidad es otra. Siempre aparecen gastos que no estaban, y la inversión siempre tarda más en volver.
- Vender bien no es lo mismo que ganar plata. Puedes tener los mejores números de la marca y quebrar igual si la deuda no calza con la caja.
- Parte más chico. La marca original creció de a poco. Nosotros partimos a full en una ciudad nueva, a 1.800 km de donde se hacían los insumos.
- El local condiciona todo. Si tu cliente no entiende qué eres, ni la mejor cocina te salva.